Si había muchos tipos de
ciudades, las Ciudades de papel de John
Green son una más para anotar.
La novela trata una enigmática
aventura protagonizada por Quentin, el único joven capaz de resolver la
desaparición de su mejor amiga de la infancia mediante el seguimiento de unas
pistas.
Sé que estaréis pensando que es la trigésimo octava vez que veis una temática reconstruyendo la afamada Twin Peaks, y de hecho así es, pero como muchas veces suele ocurrir, esta historia tiene su interés independientemente.
Una de las mejoras cosas
de la obra es el elenco de personajes. La caracterización del
protagonista junto con el resto de secundarios que van apareciendo a lo largo
de la historia es el corazón de la novela, en un conjunto de humor y
sensibilidad que a veces roza la cursilería. Es una pena como se suele estropear un tema interesante al darle un toque demasiado sentimental que nos separa de lo que realmente interesa.Aun así, tiene otro punto fuerte que contrarresta ese punto negativo, y este es la reflexión que John Green hace sobre la vida misma, utilizando esa metáfora de las ciudades de papel, en la que encierra los grandes tópicos incorrectos y desdichados de la sociedad:
«Es una ciudad
de papel. (…) Toda esa gente de papel que viven en sus casas de papel y queman
el futuro para calentarse. Todos los chicos de papel bebiendo cerveza que algún
imbécil les ha comprado en la tienda de papel. Todo el mundo enloquecido por la
manía de poseer cosas. Todas las cosas débiles y frágiles como el papel. Y
todas las personas también. He vivido aquí dieciocho años y ni una sola vez en
la vida me he encontrado con alguien que se preocupe de lo que de verdad importa».
La gran pregunta que
desata Green viene relacionada con las apariencias y con lo que vemos en los
demás, así como lo que los demás ven en nosotros. ¿Sólo vemos lo que queremos
ver? ¿Solo dejamos ver lo que queremos que sea visto?
Leer Ciudades de papel es una opción magnífica para hacer un poco de
hincapié en este aspecto sentimental de la vida y para sumergirnos en un
enigma.
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