Como película no tiene
desperdicio, pero si sois de los que también sienten ese cierto amor-odio hacia
Woody Allen, esta historia os hará recalcar el odio y olvidar el posible amor
que pudierais haber sentido alguna vez.
La historia es la gran conocida por el mundo y sobre todo por Hollywood, el guión sobre la belleza y la feminidad de Annie, quien vuelve loco de amor al exasperante coprotagonista.
Y es que el personaje
principal, dejando a un lado a Annie Hall, es un personaje creado
descaradamente por y para el excéntrico director. Sus pausas, sus titubeos, su
vehemencia… más Allen que nunca. Una vez llegados a la quinta página habréis
comprobado que no hay una frase de dicho personaje que no cabe en comas… o o o
o que tartamudee.
La interpretación real
puede intentar ponernos tan nerviosos como así lo desee, pero los libros están
para ser disfrutados no para amargar al lector. Agradezco que no hay sido de
mucha extensión porque si no, probablemente habría acabado arrollado por algún
coche en su viaje desde la ventana del salón.
Hablando en claro,
terminaré tal como empecé: la película no tiene desperdicio. El libro podemos
aparcarlo.
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