Horror. Un libro tremendamente negativo, desesperante, agotador, aburrido. Sinceramente, no entiendo el porqué de incluirlo entre los grandes libros de la historia. Sé que si hay algo que se destaca por su variedad son los gustos humanos, pero realmente me cuesta creer que haya tanta gente que aprecie este libro como para convertirlo en literatura indispensable.
Una historia sin historia. Y es que no hay trama, hay un relato de hechos sin interés, fundamentados en un joven desastre que abandona su escuela antes de su expulsión y se dedica a hacer distintos actos sin interés (coger un par de taxis enfureciendo a los taxistas, ir a tomar una copa, llamar por teléfono a una antigua amiga…). La expresión es pobre, muy pobre, pues el narrador se expresa en primera persona bajo la voz de un chico de 18 años, usando muchos coloquialismos y eufemismos.
La única sensación al terminarlo ha sido la de indignación al pensar que es una novela que se obliga a leer a los estudiantes de instituto para selectividad. Esta es una edad muy importante para empezar a interesarse por la lectura, y con contraejemplos como El guardián entre el Centeno no habrá manera de convencerlos de lo interesante y divertido que puede ser leer.
Pagaría porque J.D. Salinger se hubiera replanteado escribir esta irrelevante y exasperante obra que sólo consigue robar valiosas horas de nuestro tiempo y transmitir una inmensa rabia, sentimiento que no es del gusto de nadie

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