¡Atención spoiler!
El fin del mundo parece
alargarse más de lo que cualquiera habría imaginado. Manel Loureiro es un
auténtico pensador, pues sus catastróficas predicciones sobre lo que podría
ocurrir en una situación que pusiera en riesgo extremo a la humanidad me
parecen de lo más verosímiles.
Y digo esto porque los
protagonistas supervivientes (aún sigo indignado porque la pobre monja haya
sido asesinada de una manera tan absurda) llegan hasta el golfo de México,
donde uno de los últimos grupos de supervivientes se ha asentado. La vida allí
se establece de manera similar a como fue con la dictadura hitleriana, donde un
loco gobierna bajo una supuesta voluntad divina a una raza aria, manteniendo
aislados y en condiciones detestables a todos aquellos que no correspondan con el
cliché establecido.
Esta visión me parece de
lo más acertada, pues está comprobado que en momentos de desesperación, los
humanos tendemos a aferrarnos a cualquier respuesta, por ridícula que sea,
siempre y cuando sirva de consuelo.
Con esto llegamos al
esperado desenlace, donde la novela finaliza igualmente sin dejar atrás ni por
un segundo la emoción y la tensión, llegando en algunos puntos a tener más en
común con Rambo que con Apocalipsis Z. Y es que la escena final con la
decapitación del predicador y el beso de despedida alcanza un tono ya que a más
de uno le hará resoplar el usual “¡Venga
Ya!”.
De cualquier forma, ni
penséis por un momento que por ello el libro no merece la pena. La aventura
vivida paso por paso, el misterio, el punto de vista de un habitante de la
península, los escenarios, la supervivencia, el desenlace… todo hace que
Apocalipsis Z sea una de las obras que merecen ocupar un espacio en vuestras
estanterías.
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